El Corazón de los Cuidadores.
Una Historia de Leeza Gibbons
Me senté en el Círculo de Cuidado de Leeza’s Place, un Viernes durante la hora del almuerzo, con uno de nuestros invitados. Beverly lucía especialmente bella con una camisa amarilla brillante, y su maquillaje (como es usual) estaba impecable. Estuvo amorosa, encantadora … preguntando por todo el mundo, sonriendo y riendo.
Más de una vez, Beverly agradeció a mi madre y a mí, por haber creado Leeza’s Place, un lugar que se convirtió en “su casa lejos de casa’’- y en un sitio seguro. Ella me hizo recordar a muchos otros cuidadores, cuyos corazones he llegado a conocer. Abiertos, tiernos y amables.
Uno nunca hubiera imaginado, que justo cinco días antes, el esposo de Beverly había muerto. Ahora era una viuda afligida, pero aun así no había una pizca de lástima su alrededor. “Yo sé que él, esta en un lugar mejor”, me dijo, y siguió diciéndome que últimamente desde que él se había enfermado, no había vuelto a cocinar.
A Beverly le encanta cocinar y es muy buena haciéndolo. De hecho, ese día, había horneado pequeñas tortas de zanahoria, para un grupo de Leeza’s Place, que trajo guardados en un pequeño envase de Tupperware.
Pensé cómo ese había sido uno de los cambios en la vida de Beverly. Su iglesia, justo le había cerrado las puertas.
Ella fundó la iglesia y daba clases los Domingos a unos 300 niños. Y al final, ningún niño pasó a través de la puerta. Se supone que las iglesias son para siempre, incluso si los esposos no lo son. Pude ver la tristeza en sus ojos cuando me lo contó, pero inmediatamente se detuvo y dijo, tu sabes, Leeza: “tu ríes y el mundo ríe contigo, pero si tú lloras, lo haces sola’’.
Ella hizo la promesa de intentar con una nueva iglesia cada Domingo, diciendo que se tomaría el suficiente tiempo para asegurarse que “la congregación fuese amistosa’’. Igual que pasa con muchos cuidadores, cuando Beverly tuvo que enfrentar parte de estos problemas de salud, ya justo había tenido una restricción en su corazón.
Ella perdió peso, pero no el propósito o disfrute de su vida. Yo me sentí tan inspirada por ella que me animé a escribir con admiración y respeto estas palabras sobre los que cuidan, durante el Mes Nacional de los Cuidadores, y para siempre.
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