Cammy

 

A la tierna edad de 16 años, mi sensible y perspicaz hija Lexi (que ahora tiene 18 años) halló en su corazón estas palabras sobre el descenso de su abuela JG en la oscuridad del Alzheimer. Las comparto con usted (con el permiso de ella) para demostrarles que cuando ese “ladrón”  entra en su casa, no sólo quiere llevarse a la persona que fue diagnosticada con la enfermedad, sino a toda su familia.

Los recuerdos de Lexi son dolorosamente tiernos y reales.

 

“Una malvada enfermedad y mis recuerdos”
Dedicado a Jean & Carlos Gibbons, mis abuelos

Las expectativas de él por la sonrisa de ella, disminuyen día tras día.  Es porque los ojos de ella caen y caen con cada una de sus breves y  entrecortados respiros. El le da barras de chocolate tres veces al día, porque es todo lo que a su cerebro nublado le puede gustar. El ha perdido el amor de toda su vida y no está seguro a donde se fue ella. La peor parte de esto es que él tiene que mirar el rostro de ella todos los días, y saber que su espíritu se está alejando de él.

Caminé hacia la pequeña habitación parecida a una celda, donde mi abuela estaba con su boca entreabierta. Cuando vi a mi abuelo alimentándola y diciéndole “te amo”, salí inmediatamente para escuchar lo que estaba sucediendo en una relación perfecta que acabaría en un triste final. Pero no fue para nada triste.

“Jean, Te Amo. Feliz aniversario’’, decía mi abuelo, usando toda su fuerza humana para no llorar. En ese momento yo comencé a llorar, pero antes de que cinco lágrimas cayeran de mis ojos, escuché una suave canción que se trasladó por la habitación hasta llegar a mis frías y nerviosas orejas. Mi abuela extendió sus brazos, igual que niño de un año busca a su mamá. La música disparó un sentimiento guardado en su corazón, e hizo que el único ángel que quedaba en su alma le diera un último recuerdo. Ellos bailaron en lo que pareció ser una eternidad para mi abuelo, porque estuvo haciendo todo lo que pudo por capturar esa mirada en los ojos de ella, el olor de sus cabellos y el sentir familiar de sus caderas mientras él las sostenía. Ellos caminaron como dos patos que se entran en un estanque. Ellos dieron pasos muy cortos y en círculo, casi como para no permitir que el mundo exterior les tocara su último momento de amor.
Los labios de ella todavía estaban entreabiertos, al tiempo que sus frágiles manos se sujetaban de los fuertes hombros de él. Mientras cada día ella se consumía, él se mantenía fuerte y saludable. El ni siquiera llegó a pensar que era justo. Una vez que la canción terminó, él la sostuvo muy cerca y la besó delicadamente en la frente. Ya ella no tenía sus brazos extendidos, como los tuvo cuando comenzaron a bailar. Eso no le importó a él. Ella lo reconoció por un segundo, y él le dijo adiós y sintió lo mismo cuando se casaron a una edad madura.

El comenzó a caminar hacia afuera con la postura del soldado que una vez fue, mientras cayó una lágrima de sus debilitados ojos. El no puede ver en uno de sus ojos y tiene muy mala visión en el otro, y se niega a operárselos. Honestamente creo que lo hace porque siente que Dios es injusto al hacer que sea mi abuela la que sufra y no él. El nunca le dirá a nadie esto. Mi abuelo tiene una casa de campo. No es un lugar con animales, pero un lugar peculiar y caótico con artefactos falsos y reales de cientos de años. Tiene remos angostos que no tienen ni dos pies de bebé de ancho. Usted puede estar en ese sitio por horas y observar con los ojos abiertos la variedad de objetos que tiene. Es su orgullo y alegría, su pequeña casa de campo en Chapin, Carolina del Sur. Sus ojos defectuosos, su miedo a volar, su casa en el lago y su orgullo de ser del Sur, son las cinco cosas que lo definen a él como persona.

Sin embargo, Jean es un poco más intricada de explicar. Ella es más complicada y difícil en el sentido de la palabra, y pasó sus genes exactos a mí y a mi madre. Mi recuerdo favorito de ella, es cuando yo tenía siete años y las dos estuvimos solas en la casa. Mi madre me dejó en sus manos y le dijo: “No le permitas comer azúcar!’’, y mi abuela sin embargo, me consintió hasta echarme a perder, y siempre me trató con la idea de que debía obtener todo lo que quiero, cuando lo quiera. Así que nos sentamos con el húmedo y caliente brisa bailando a nuestras espaldas, con un frió y pegajoso helado sabor a cereza (de la marca Popsicle)  chorreando entre nuestros dedos.     

Ellos tenían un bote y un Jet Ski (una moto a propulsión de agua). Pero ellos solo lo usaban cuando sus hijos o nietos los obligaban a quitar la hierba mala del motor. El bote era cuadrado y blanco. Las paredes siempre estaban tan cubiertas de telas de araña, que difícilmente un niño podía permanecer en el bote sin cubrirse de blanco. El Jet Ski era de la vieja escuela. Mi padre siempre me montaba en él y nunca se puso viejo. Recuerdo cuando fuimos a las aguas del entonces Lago Murria, cuando yo era muy joven. Mi padre siempre ha sido como una clase de maníaco, y su juego favorito era asustarme hasta la muerte. Y lo hizo cuando dio una vuelta de 360 grados y yo me caí en el lago. Estaba fría y arenosa y no podía hacer nada, y sentí como si hubieran cocodrilos bebés que me estaban mordisqueando los pies. El calor que sentí cuando el me sacó y colocó de vuelta en el Jet Ski me hizo reír, y que el se riera en mi cara.

Como seres humanos tenemos la habilidad de enlazar los recuerdos con caras, lugares, olores, visiones y tacto. No imagino perder todos los recuerdos que tengo guardados. La enfermedad que tiene mi abuela es una malvada-enviada enfermedad. Que roba los sueños y los recuerdos de las personas y los sustituye con un estado en blanco, o con nada. Ni siquiera hay un papel en blanco a donde mirar. En realidad es nada. Las personas afectadas experimentan una de las cosas que nunca hemos podido agarrar. La Nada.

El la sentó en la silla que ella había querido toda su vida. Su familia hizo lo posible para que ella tuviera la silla más cómoda, aunque ella no se diera cuenta de la diferencia. El la besó una vez más en la frente y observó la boca de ella temblar al contacto y permanecer abierta. Los ojos de ella se agitaron y cerraron. Su mente no cambió de etapa, y él supo en ese momento que ella se había dormido. El se sintió feliz porque sabía que en esa etapa del sueño, ella tenía más posibilidades que los ángeles estuvieran a su lado.

“Te amo’’, él murmuró.
“Mmmm”, fue todo lo que ella pudo apenas pronunciar, mientras continuaba dormida.
Y después, los dos nos fuimos. Dejándola a ella en un mundo del que no sabemos nada.

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Lexis tendrá 16 años este verano. Ella siempre escribe piezas expresivas como este poema que le hizo a su abuela JG en su cumpleaños.

En tu cumpleaños, querida abuela mía, te deseo guía.
Te deseo la guía que yo se que posees, dondequiera que esté tu alma.
Te deseo amor, el amor que siempre has tenido por cada una de las personas que te has encontrado.
Te deseo felicidad, porque tuviste la vida más memorable.
Te deseo helados (marca popsicles), en honor a todos los que tuvimos.
Te deseo fe, por ser una gran mujer de fe.

Es muy doloroso para cada uno, porque ahora no podemos jugar en el lago contigo nunca más, o porque mi madre no puede hablar contigo sobre su vida. Ella te ve a ti, JG, en un nivel tan majestuoso que deberías ver sus ojos cuando mira tu foto.

Tu has dejado muchas cosas asombrosas a tu familia, porque tu vida no fue sino maravillosa. Por qué tienes dolor, no estoy segura. Pienso en eso cada día, lo sabes, y lo mucho que no estás allí, y cómo mi abuelo todavía te ve dos veces al día. Pienso también sobre el hecho de que tienes 3 hijos y 6 nietos, sobre los que no puedes pensar nunca más. Y cuando pienso en eso, siempre concluyo que tu brillante y pequeña alma debe estar en alguna parte sonriendo, soñando y riéndose con nosotros, porque tú eres así de fuerte.

Feliz Cumpleaños JG, te amo. Tu historia nunca será olvidada.